
Quedan 22 días para que Luca y yo nos casemos, y menos de tres meses para que pongamos rumbo a su Génova natal.
Cuando puse a navegar este blog, hace cosa de año y medio, me llamé a mí misma 'cronista a la deriva', y dije que mi casa era un barco llamado Anclázena, que me llamó en Alicante para invitarme a conocer otra orilla del Mediterráneo. Eran tiempos en los que mi brújula apuntaba hacia las aguas de otro mar, en el Océano Atlántico.. Y allí me hubiera ido sola, si no me hubiese sonreído la suerte en el Mare Nostrum.
Me dejé llevar por aquel reclamo azul... Y mi barco me llevó a tierras lígures y echó su ancla en Zena.
En genovés, 'Zena' significa 'Génova'. Ahora supongo que se entiende mejor el nombre de mi barco.
No sé por qué non lo expliqué antes... No me pareció importante que no se comprendiera ese nombre extraño, 'Anclázena', que si se escribe en el Google surca el Mar de Internet hasta este blog, viento en popa a toda vela.
También comenté, en algunas de mis primeras líneas, que mi Anclázena se hallaba plácidamente anclado en un rincón del Puerto de Génova, mientras yo salía a pasear, bebía cappuccino, miraba las gaviotas y regresaba a mi 'oficina flotante' para escribir de lo que me diera la gana.
Me diréis: "¿Y por qué en tus artículos nos cuentas que estás en Madrid?", "¿cuándo regresó tu barco a Alicante?", "¿cuándo regresaste tú a Madrid?".
Nunca...
O al menos: nunca regresé del todo. Una parte de mí se quedó allí, preparándome el camino.
Yo me he decantado por Génova como otros lo hacen por Madrid o Barcelona. Yo prefiero vivir entre las montañas y el mar como otros desean el abrazo de una gran urbe. Mi vida sólo es una forma de equilibrio de tantas.
Luca comprende el equilibrio que estoy buscando... Y sé que es absolutamente compatible con el que desea él. Esta realidad mágica me envuelve en mis propios sueños, y con este blog, durante estos meses, sólo he pretendido hacer un puzzle con retazos de mi propia vida, y de la vida que el destino me ha regalado.
Hace un par de días, Luca me regaló un puzzle con la imagen de ese extraordinario dibujo de Victoria Francés que veis en la fotografía de arriba. Mágico, ¿eh? ...Pues lo es más aún, teniendo en cuenta que la ciudad que muestra es Génova (ahí tenéis su famoso faro, la 'Lanterna'), y que lo encontramos en un escaparate madrileño, situado al lado de la joyería en la que habíamos comprado nuestras alianzas de boda.
La jovencísima Victoria Francés ha cumplido un sueño: ser reconocida, a sus veinticuatro años, por aquello en lo que pone el corazón. Sus dibujos se abren paso con fuerza en un ámbito -comics, ilustración- casi hostil para una mujer joven.
Yo no poseo el talento suficiente para brillar a esa altura. Me gusta escribir, pero sé que jamás llegaré a vender lo suficiente como para vivir de ello. ¡En el fondo, soy realista!
...Pero también yo he puesto el corazón en algo... Y por eso dejé 'aparcado' mi Anclázena en ese puerto antiguo en el que ondea desde las primeras páginas de este blog.
Dejé allí mi corazón, y amarré fuerte mi barco cargado de ilusiones.
Hace unos días, celebramos nuestra 'Despedida de solteros' con una treintena de amigos, todos españoles, porque de momento estamos en Madrid. Creo acertar si digo que mis amigos, el 2 de junio, vendrán "a la boda de dos amigos", porque Luca ya lo es.
A mis amigos querría decirles muchas cosas, pero sobre todo una:
Jamás olvidaré de dónde vengo, ni quienes sois. Como me escribieron Yolanda y Noemi, Luca y yo sabemos que la distancia NO es el olvido... Ni siquiera tiene por qué ser distancia... Es sólo un cambio. Y sí, Noe, Yoli (y demás amigos): encontraremos muchos caminos para compartir muchos cafés, muchas historias... Y muchos paisajes de ensueño.
U zeneize — 11-05-2007 12:03:02
U zeneize — 11-05-2007 12:03:03
Esther — 31-05-2007 09:01:12
Esther — 31-05-2007 09:01:12
Esther — 31-05-2007 09:01:53