
"Año de nieves, año de bienes", dice el refrán... Así que, visto que a los pobrecitos madrileños sólo nos ampara la contaminación y ni la nieve nos bendice, este fin de semana me fui en busca de ella. Bastaba alejarse de Madrid, por cualquier carretera, para encontrarla. Hasta la mismísima A-3, camino de la cálida Valencia, lucía de blanco casi en totalidad, este fin de semana.
Yo opté, sin embargo, por la cara norte de la Sierra de Guadarrama... Y fue un verdadero acierto rodear las montañas por el oeste mientras cientos de personas se atropellaban para aparcar en Navacerrada, en Cotos o encima de un pino, si hubieran podido. El aparcamiento ya estaba cerrado a las 11 de la mañana del sábado... Y, sin embargo, la Carretera de la Coruña estaba despejadísima, tanto como el cielo de esta blanca mañana de nieve al sol.
Al pasar los túneles de Guadarrama, cambia el mundo. Produce un efecto parecido al de atravesar el tunel del tren que separa Pitis de los montes de El Pardo. Pinos y abetos altísimos con las ramas cargadas de nieve y coches en las áreas de descanso, mucho más despejadas que los aparcamientos de las cumbres, e igualmente blancas.
Tras los bolazos de rigor y con las gafas de sol empañadas, Luca y yo proseguimos nuestro camino hasta Segovia, tan elegante de blanco que me pareció visitarla por primera vez.
Cerca de la Casa de los Picos, nos abrimos hueco en un restaurante hasta alcanzar, inexplicablemente, una mesa en un rincón privilegiado desde el que una ventana nos ofrecía, a vista de pájaro, una sucesión de tejados nevados y fachadas de siempre que se perdían, a lo lejos, con el telón de fondo de la sierra completamente blanca sobre el cielo azul.

Al día siguiente, después de muchos buenos ratos y pocas ganas de irnos, nos dejamos llevar hasta San Ildefonso-La Granja; encantador pueblecito que, no sé por qué razón, me imaginaba completamente diverso. Para empezar, pensaba se trataba de un palacete de tantos, en medio de un llano, vallado, con regusto aristocrático y cuatro casas nobles alrededor... Nada que ver con la realidad, y vaya por delante mi arrepentimiento por haber esperado tanto tiempo para descubrir este encantador rincón del mapa en las faldas de la sierra de Guadarrama. El núcleo urbano de San Ildefonso es tan interesante o más que el famoso conjunto palaciego de La Granja, que es la guinda, pero no es todo, ni mucho menos. San Ildefonso es señorial, sí; pero muy acogedor también, y su trazado y sus fachadas lucen cierto toque renacentista que, combinado con la arquitectura típica segoviana, supone un acierto estético en un enclave formidable. Sabor rústico y refinado al tiempo... Una delicia.
...Ha sido un fin de semana de descubrimiento, en varios frentes... (¿Alguien ha visto el Show de Truman? ¿...Cómo me perdí esa película en su momento?).
En fin... Debo reconocer que el invierno no está tan mal... Y mi alegría por saber algo más sobre las tierras que rodean a mi ciudad... Y por las pinceladas históricas que salen al paso cuando se sale de casa con ganas... Como descubrir que en la calle del hostal en el que has dormido fue coronada Reina Isabel La Católica, o que el lugar que muestra la primera fotografía, donde comí unos sabrosos judiones de La Granja, era la calle por la que accedían al Palacio los embajadores de Portugal, Francia y Nápoles, en sus frecuentes visitas.
...Y cuánta nieve, fuera de Navacerrada...
