
Después de muchos, muchos meses llevando y trayendo mi corazón en la maleta, siento por fin que llega el momento de acumular en un rinconcito ese dulce traqueteo de sus ruedas por aeropuertos, calles empedradas, maleteros y pasillos varios. Le hará bien a mi corazón salir de casa ligera, con mis cosas en el bolso o en el bolsillo, al encuentro de quien estará tan cerca desde el próximo domingo... De quien llegará a mi ciudad dentro de cinco días para estar conmigo en la tierra que me vio nacer, hasta que juntos nos embarquemos en una nueva aventura.
Tener que recorrer 1.500 kilómetros para besar y abrazar a quien tanto quieres es siempre un viaje emocionante... Pero hay que contar con factores como las escasas vacaciones de que disponemos, la fatiga de haber madrugado el viernes para trabajar, como todos los días, antes de la carrera hasta el aeropuerto, los habituales retrasos, un catarro inoportuno, el miedo al avión, los 150 kilómetros que separan Milán de mi Génova... (oh, Luca... me la he apropiado un poquito...). El caso es que el corazón también se cansa del dulce traqueteo de los viajes, y en su interior, visiona el moderno trolley (...y no tan moderno) con la sensación de quien contempla la pintura superior, del pontevedrés Juan M. Valcárcel... (www.jvalcarcel.com). Son maletas cansadas... Corazones cansados que se encuentran para descansar juntos... No será mirando el mar, por ahora..., pero sí, tal vez, sentados bajo un árbol centenario, muy cerca de Madrid.
Este óleo de las maletas vio la luz en 2001... Justo el año en el que yo caminaba por Roma libre y feliz como nunca antes lo había sido. Recuerdo mañanas extraordinarias de excursiones en soledad... Recuerdo mis paseos por Villa Borghese... y aquellas escapadas al mar... y el saludo de la Historia en Ostia Antica o Villa Adriana, y el descubrimiento de pueblecitos encantadores cercanos como Isola Farnese, o ya en la sierra, enclaves con sabor a tiempo detenido, como Bracciano y su lago de plata y azul. ...Hoy estoy segura de que cada paso que he dado formaba parte de mi camino hacia él.
Mi querido Luca: Madrid no es Roma, pero tiene su interés, y tú lo advertirás mejor que muchos madrileños, de la misma manera que yo conozco Roma y sus alrededores mejor que muchos romanos.
Pasea y respira lo mejor de nuestra ciudad; apártate de aquello que no te va, conócelo sólo desde la distancia... Y procura comprender el alma de los madrileños, para quienes la vida no es fácil, en general, pero que aciertan a abrirse hueco en sus agendas y entre el tráfico para pescar, de cuando en cuando, inolvidables atardeceres, esos que han grabado nuestros pintores a lo largo de los siglos.
Conoce nuestro cielo desde aquellos lugares altos que lo abrazan y en los que podrás gozar de paz, y respirar la brisa que sopla desde la sierra, y que muchas veces es más fuerte que la contaminación. Pasea en torno a la antigua Almudaina, el origen de nuestra ciudad, nuestro propio origen. Goza del atardecer y de los desniveles que han tratado de proteger Madrid de una y mil batallas, desde San Francisco el Grande hasta el Templo de Debod. Madrid es una ciudad abierta, acogedora y llena de sorpresas. Madrid no es 'eso que dicen' de ella, sino que será para ti eso que quieras tú. Yo sólo te he dado algunas ideas...
Buen viaje, Luca... No pasa nada si olvidas meter alguna cosa en la maleta... Basta que recuerdes llevar contigo lo más importante: LA DULCE EMOCIÓN DEL BUEN VIAJERO...
...Yo también la he sentido, una vez más... al comprar mi billete para ir a buscarte a Barcelona... :)
Luca — 01-11-2006 12:39:37
Esther — 03-11-2006 09:24:46
Raquel — 06-11-2006 08:51:22