
Es lamentable que la locura asesina de un hombre influya sobre mi blog. Me hubiera gustado escribir sobre los amish por haber reparado en ellos por mí misma, espontáneamente... Razones no me faltan. Sin embargo, ha sido el asesinato de cinco niñas amish en su escuela (a cargo de un hombre ajeno a la comunidad) lo que me ha llevado a empaparme de páginas sobre los orígenes y la vida de estas gentes, de quienes había oído hablar como quien oye llover.
Tal vez he cambiado con el paso de los años, y me he radicalizado en mi animadversión hacia las dinámicas de consumismo extremo, edificios inteligentes y últimos modelos obsoletos en dos meses. También yo me siento contaminada por una sociedad insaciable, pero no me conformo. Las ganas de huir de las que tantas veces hablo guardan mucha relación con el vértigo que me produce esta vorágine... Y cuando sueño (casi todos los días) con una casa sencilla y un jardín con limoneros cerca del mar, ya no sé si soy una víctima más de la sociedad de consumo o de mis ganas de huir de ella.
...Los amish y su tiempo detenido...
Son un grupo cultural y étnico muy unido, si bien su dispersión en varios estados norteamericanos y en Canadá ha motivado que su adaptación al paso del tiempo haya sido más o menos estricta, según en qué casos. Los amish son descendientes de inmigrantes predominantemente suizos, de habla alemana, y su tradición religiosa (cristiana de origen anabaptista) contempló en su momento -ya muy lejano- una negación cultural hacia todo aquello que sonase a modernidad.
.
...Y dijeron 'no' a la electricidad; 'no' a los automóviles; 'no' a la moda cambiante... En definitiva: 'No' a la sociedad industrializada y a sus ritmos maquinales; 'No' a la contaminación ni a la separación de la madre tierra y 'No' a las necesidades creadas por la sociedad de consumo.
Ya en la segunda mitad del siglo XIX celebraron encuentros con otras comunidades amish para tratar de consensuar cómo enfrentarse a las presiones de la vida moderna. En cualquier caso, las pautas concretas a seguir (utensilios, vestimenta, horarios) las marca el Ordnung de cada comunidad, y por ello el grado de apertura al 'exterior' varía mucho entre los distintos núcleos.
Hay algo de admirable en todo esto, a mis ojos... Aunque, por otro lado, no comulgo con las imposiciones... Y en esta cultura hay mucho de disciplina férrea. Yo creo en la libertad y en el diálogo entre personas distintas, que es lo que somos. Ahora bien: hay que reconocer que gran parte de las comunidades amish tienen por sana costumbre animar a sus jóvenes a que conozcan 'el mundo exterior', y elijan por sí mismos (sin que ello suponga ninguna crisis familiar). Además, si bien suelen cerrar filas en torno a su forma de vida, mantienen una relación cordial con sus vecinos 'no-amish', e incluso, en algunos casos, ceden con una sonrisa a la presión ejercida por los turistas y sus cámaras, que meten un pie -o los dos- en sus propiedades.
Es conocida la calidad de algunos de sus productos, como los edredones y las colchas (...las mujeres tejen a la vieja usanza) y su buena mano con los aperos de labranza (tradicionales, eso sí). La estampa de estos pacíficos campesinos vestidos a la moda más humilde del siglo XIX recrea un genuino viaje atrás en el tiempo, y a veces deben recordar a los mirones el justo límite entre la fascinación y el respeto. No son un parque temático, sino personas que desean pasar inadvertidas y que -al margen de desgracias como la acontecida estos días- parecen muy felices con su estilo de vida.
Su apuesta cultural les limita, pero les libera... Tal vez tienen más tiempo que nosotros para mirar dentro de sí mismos. Su austeridad y su íntimo contacto con la naturaleza y sus ciclos les confiere un toque oriental, (¿les interesará la filosofía oriental?).
Recuerdo una historia hindú que relata la preocupación de Dios a la hora de esconder la llave de la felicidad... ("si la encuentran los hombres ambiciosos, comercializarán con ella; generarán conflictos, se aprovecharán de los demás..."). Pensó en dejarla sobre la cumbre más alta, bajo el océano más profundo o en el espacio exterior... Pero intuyó que el ser humano, en su sed de ambición, sería capaz de alcanzarla. "¿Dónde será más difícil, para el ambicioso, encontrar la llave de la felicidad?", se preguntó.
...Y la escondió en el corazón de los hombres.

Luca — 06-10-2006 19:54:14
Elena — 07-10-2006 00:40:01