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La visita de la Xana

Archivado en General • Fecha: 24-05-2006 22:47:12



Cuando era pequeña quería tener un gato más que ninguna otra cosa en el mundo. No me importaba la ropa ni me hacían mucha gracia las muñecas. Mi juguete preferido, a falta de gato, lo formaban docenas de piezas de madera de distintos colores y formas, brillantes y agradables al tacto..., 'la arquitectura', lo llamaba yo.

Una tarde de junio entraron mis padres en mi habitación, mientras jugaba a construir puentes y templos con mis bloques barnizados de madera. Con gesto más austero de lo normal, me hicieron ir al salón y, sin mediar palabra, me enseñaron unos versos que yo creí haber escondido bien. Tenía sólo ocho años, pero ya me gustaba rimar desde los seis.

Trataba mi poema sobre las injusticias de la vida (desde la perspectiva de una niña de un barrio al sur de Madrid y que emigraba cada fin de semana a la montaña). La injusticia de mi vida era que no me dejaban tener un gato... y criticaba la "cobardía y maldad" (textual) de quienes me impedían crecer junto a mi admirado animal de compañía... La bronca fue de órdago... Y aquel fin de semana en la montaña no me hablaron.

Harta de semejante represión, dije que iba a explicar matemáticas a una vecina de la urbanización más pequeña que yo, y me alejé, sin embargo, por el llamado camino del Pino Gordo... Por algunos segundos se me cruzaron ideas extrañas... como no regresar. La emoción del desafío me llenó los bolsillos de galletas de chocolate, pipas y zumo de brick... por si acaso... Tampoco olvidé mi cuaderno y el mejor bolígrafo que tenía. Me lo había regalado mi abuela, escribía a cuatro colores y representaba el mar. Al girarlo, un velero blanco se desplazaba despacio por su fuste relleno de líquido azul.

...Y me alejé y llegué hasta un bosque al que nunca había llegado... A mi alrededor, sólo pinos y flores. Aquella mañana de primavera me invitó a sentarme entre unas extraordinarias flores salvajes de color fucsia, donde el sol calentó mis mejillas y alguna lágrima. ...Y me dormí.

Al rato escuché una risa suave... Abrí los ojos y una especie de ninfa campestre que desparramaba estelas de purpurina me saludó: "Hola Elena". (No me he vuelto loca; obviamente, estaba soñando... Creo).

-¿Por qué estás enfadada?
-No me dejan tener un gato, y tampoco tengo amigos.
-¿...Sabes que hay razones mucho más serias para ser infeliz?
-No...

Aquel mix entre hada y ninfa me sonreía.

-¿Tú sabes quién soy?
-Un espíritu del bosque.
-¿Y no te doy miedo?
-A mí el bosque no me da miedo.

Y entonces me explicó:

-Vengo desde un bosque lejano del norte... Donde se acaban los bosques y, bajo el acantilado, comienza el océano. Donde yo vivo, se encuentran los bosques y el mar más profundos y bellos. Hoy estoy aquí para consolarte... Pero el día de mañana serás tú quien venga a mí... Y a mi bosque y a mi mar.

Y ante aquella oportunidad de meter la nariz en mi propio futuro, pregunté:

-¿Tendré más amigos cuando crezca?

Y ella me contestó: "no muchos", y me quedé perpleja
. ¿No se suponía que una aparición de cuento habría de traer sólo buenas noticias? Y la ninfa continuó:

-Algún día serás muy feliz… Pero no será ni pronto, ni con tus amigos, ni con tu primer y tardío amor… Ni mucho menos con un gato, tontorrona-. ("Qué hada más rara y más cursi", pensé... Eran palabras mayores para una niña tan infantil…, pero había algo que me atraía en ellas). -Conocerás la decepción más profunda, pero aprenderás mucho sobre ti, y descubrirás que tú tienes las llaves de tus sueños...

Yo no entendía bien lo que me decía aquel ser que olía a flores y mar, y que empezó a difuminarse, anunciando su despedida.

-Encontrarás tu camino y tu paz en la belleza de los bosques, en las mareas y en el viento... -dijo, y desapareció.

Desperté con la mágica sensación de que reencontraría aquella fuerza desconocida cuando el pasar del tiempo me convirtiese en mayor... Y no sentí prisa. También intuí que vendrían tiempos de desengaño y de soledad, que me fallarían los amigos, y tal vez también yo misma…, pero que al final de aquella tempestad me esperaría un final feliz que sería el principio del resto de mi vida. ...Y pensé que hallaría al hada en medio de alguna gran tristeza, y que ella me tendería una mano de magia para renacer. Todo esto lo pensé… en lenguaje de niña.

Volviendo a casa traté de imaginar el hogar de aquella amiga de mi sueño, hecha de naturaleza... Y la visioné junto al océano, paseando al amanecer y al atardecer por playas infinitas.

…A día de hoy –y si me elevo por encima de lo que llamamos racionalidad-, creo que la reencontré en Luarca el pasado mes de agosto… Y que era una Xana.

Escrito por Elena del Saz
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Comentarios

  1. Ya estoy aquí en tu blog, ZRRN!
    No me acuerdo de ese episodio de bronca del gato, Pinogordo y demás; ¿de verdad pasó?
    Por cierto, que luego llegó Saly,(quizá del camino de Pinogordo... quién sabe!)
    Hay que ver lo que hacen las Xanas...

    Marta — 27-05-2006 17:02:57

  2. Tú eras muy pequeña y bastante ocupada estabas rompiéndome cosas!!! Efectivamente: Saly vino desde Pinogordo, si hacemos caso a los vecinos de Vanesa... Por cierto: Pinogordo está hacia el noreste, y Génova también... Extraña asociación de ideas...!! Miaoooo!!!!!

    Elena — 29-05-2006 09:37:46

  3. Y entonces donde dices que estaba exactamente ese bosquecillo?? A lo mejor hay que ir a echarse una siesta por si tenemos otra revelación sobre la vida, no? ;-). Eso sí, cuando pasen los polenes, porque ahora conmigo con conteis...Chao!!

    Esther — 31-05-2006 13:13:42

  4. Desde luego, Esther, una cosa está clara: TU ALERGIA ES INJUSTÍSIMA!! La verdad es que, al margen de Luca y de mi padre, eres la persona a la que más le gusta el campo de todas las que conozco.

    Elena — 31-05-2006 15:55:00


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