
(Pasado - Rosa de los Vientos - Presente).
Amanece y un tímido rayo de sol me seca la mejilla y desciende hasta mi mano. Me levanto y escucho a lo lejos el rumor del Cantábrico.
La mañana me recibe nublada y luminosa al tiempo. A mi lado camina una sombra, una mezcla de ilusión del pasado, ingravidez del presente y humo del futuro que no será. A medida que el sol se abre camino la sombra que viaja conmigo se vuelve cada vez más oscura.
Quiero decir algo... pero mi boca está seca, paralizada por la angustia de ver apagarse una luz, y no poder encenderla. Estoy muda, hasta que el café me da aliento y me habla de sabores que la vida sí me ofrece.
Quiero caminar hasta la playa... pero mis piernas no responden, y me siento. Permanezco inmóvil, hasta que una niña hace rodar una pelota a mis pies, y al devolvérsela esbozo una sonrisa innata. Sigo caminando.
Quiero acercarme a la sombra, que corre indiferente hasta la playa vacía, paradisíaca... Quiero correr tras ella y atraerla hacia mí, y hablarla y comprenderla..., pero me queda una gota de dignidad. Una gota que no es nada para nadie, frente al infinito océano... Pero es mía.
"No correré detrás de una sombra", me digo a mí misma. (Y no corrí).
La sombra, impermeable a mi vida, se extiende sobre la arena fresca, bajo el tenue sol de la mañana. Escoge el lugar, el momento y la orientación. La sombra quiere mandar sobre todas las cosas, y que todas las cosas respeten su contorno, su voluntad. La sombra se cree un Dios.
Y extendida sobre su placentera libertad, repara por primera vez en mi presencia cabizbaja, y me invita a seguir sus pasos. ¡Me ofrece el gran honor de compartir su frescura de sombra, su ego de nube!
...Pero yo veo centellear el sol sobre la espuma de las olas, y el fuego de una mirada no vale tanto. No hay fuego que no puedan apagar las olas plateadas de un océano.
"Es demasiado bello... Este lugar". Y sigo caminando...
...Y me alejo de la sombra, y me llena de energía el beso de la arena húmeda bajo mis pies.
A cada paso, me vuelven las fuerzas frente a las rocas oscuras, que me animan a contemplar el océano una vez más, y muchas veces más, desde más alto, con ojos nuevos, con sonrisas nuevas, con nuevo aliento.
Y consigo sonreir al sol, al agua, al aire y a la arena, y empiezo a peregrinar siguiendo una rosa de los vientos oculta en algún lugar de mi interior; una fuerza creciente que surge de pronto, como otras veces, y me orienta hacia adelante, a construir mi futuro... A sonreir al mundo que sí me sigue sonriendo. "Crearán mis pasos el camino", pensé.
...Y mis pasos -y la fortuna- hicieron mucho más que eso: me condujeron hasta el corazón de un sueño, hasta las manos que en la ciudad de la luz y el agua sacaron de mi alma una pieza del destino y me la entregaron en acero y oro, para poder colgarla sobre mi pecho... La rosa de los vientos.
Tenía razón el poeta...:
Caminante, son tus huellas el camino, y nada más.
Caminante, no hay camino, se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar.
A. Machado
Esther — 31-05-2006 13:31:57
Esther — 31-05-2006 13:32:55
Elena — 31-05-2006 16:02:17