
Todos los años, cuando florecen los lilos, pienso lo mismo: "de este año no pasa... ¡Tengo que comprarme uno!"... Pero al final pasa el tiempo, las lilas dan paso a las rosas, las rosas al verano... Y se me olvida.
También es cierto que no tengo un jardín propio, y que a mi padre no le gusta que ande metiendo la nariz en su planificación jardinera (que, en mi opinión, le supone demasiado esfuerzo y no tantos resultados como él quisiera). A mí no me gustan los jardines con arbolitos sueltos y distintos, un peral aquí, un cerezo allá, un ciruelo donde cabe y arbustitos varios rellenando... No digo que el trabajo de mi padre sea en balde; de hecho ha creado, a su modo, un espacio agradable.
Yo prefiero la armonía, también en un jardín... Elegiría un solo tipo de árbol; aquel que fuese más conmigo... Y crearía un espacio uniforme con árboles iguales. Si fuese un jardín mediterráneo, mis árboles serían limoneros... ¡y ni un sólo arbusto que distraiga la atención! Al menos en el territorio del árbol escogido...
Lilas... Glicinias... En otra parte del jardín, preferiblemente contra alguno de los muros de mi casa, plantaría lilos o glicinias... Pocos aromas de la naturaleza te embriagan como las glicinias o las lilas del color que su propio nombre indica (más intenso que el de la variedad blanca). Están floreciendo ahora y, dentro de diez días, será su apogeo. ...No hay un aroma comparable... (que me perdonen los alérgicos).
Hace 4 años estuve en la Toscana por estas fechas, antes de bajar a Roma para ajustar alguna cuenta pendiente... (nada malo, nada malo). Recuerdo especialmente una mañana en Pisa... Crucé el Arno por el Ponte di Mezzo, desayuné al lado del río en la Piazza Garibaldi y proseguí mi deambular, más libre que nunca, por el Borgo Stretto. Oí bullicio en una de las calles de la izquierda, no muchos metros después, y recordé el alegre mercado de la Piazza delle Vettovaglie. Compré fruta y unas sandalias, y crucé toda la plaza, buscando una salida al fondo. El bullicio quedó atrás en pocos pasos, aunque rebotaba a lo lejos en la pietra de las fachadas medievales, como un eco de otro tiempo.
...Y mis pasos me llevaron hasta una placita, junto a la Via Cavalca. Allí, entre un hotel llamado Serena (en armonía con la plaza) y una enorme terraza de una casa particular, fui conquistada para siempre por las glicinias (primas hermanas de las lilas...). s. No podía creer que unas pequeñas florecillas (si bien se contaban por miles) pudiesen perfumar de aquel modo una plaza entera. Varios arbustos plantados en la terraza desparramaban generosamente sus ramas en flor, que caían como una cascada violeta sobre aquel muro del siglo XVI, hasta casi tocar el suelo de la plaza.
Pues bien; mi Anclázena atracará en Marina di Pisa dentro de 10 días... Y mi corazón ya está haciendo la maleta... porque esta vez no sólo volveré a la preciosa Toscana libre y contenta, sino que lo haré en la hora de las lilas y las glicinias, y acompañada por esa persona con la que, hace cuatro años, sólo podía soñar.
chocoadicta — 06-04-2006 17:42:13
Elena — 06-04-2006 20:57:46
Luca — 20-04-2006 21:41:12
Esther — 31-05-2006 13:47:58