
Qué curioso...
Vivimos en una sociedad que valora desmesuradamente lo superficial y lo perecedero, al tiempo que se nos inculca el valor de lo eterno como un sabio enfoque con el que iluminar nuestros pasos.
Pensamos en el mañana mientras estudiamos, ahorramos, nos cuidamos y reflexionamos. Al tiempo, pensamos en el hoy que se escapa de la mano como una pluma al mínimo soplido del viento... Si cerramos la mano, no se escapa; pero con la mano cerrada no podemos hacer nada.
Cada cruce de caminos, en el umbral de los 30, parece una encrucijada entre lo fugaz y lo duradero. Apostar por el presente conlleva dicha inmediata, pero pensar en el futuro sabe a nubes... y a hucha de barro. Cuando pienso en qué será de mi vida dentro de 10 años siento en el estómago un hormigueo incesante... Como si me hubiera comido todas esas nubes en las que suelo estar, con demasiada frecuencia.
Esta semana he tenido sueños y pesadillas (¡pura obsesión!) en torno a la figura de una casa. Hoy, domingo, tengo las cosas mucho más claras que el lunes. Por un lado, debo reconocer que nunca me han gustado las indefiniciones ni en la vida, ni en las personas ni en el arte. Por otro lado, he comprendido que lo que atañe a 'mi-futura-casa' tiene que ser indefinido, por fuerza, y lo debo aceptar. Mi-futura-casa no tiene forma ni color ni texturas. ¡No puede ser! ...Y debo aprender a reconocerla y a quererla así: INDEFINIDA, en mi mente.
Es el único camino para llegar algun día con los ojos llenos de sonrisas y no de desesperación. ...Y como dice alguien a quien me complace escuchar: la calma es el único camino para llegar donde queramos con la libertad de volver sobre nuestros pasos cuando nos haga falta.
Mientras mi casa me espera, brillando en su neblina, indefinida, posada en algún rincón de mi alma, yo seguiré caminando. Me iluminarán otras luces, porque mi casa todavía no tiene luz. Yo la encenderé algún día.
Mientras, seguiré mirando desde la ventanilla del tren las casas de los demás y aprendiendo nuevos y viejos detalles de las distintas fachadas que me saludan a mi paso... Me encantan las fachadas y los patios... ¿Cómo es posible que lo que más me atrae de las casas esté fuera de ellas...? A veces soy muy rara... (Hay quien me lo dice, incluso sin razón).
Hace un año paseaba este domingo por Roma... Y hace 5 años, también este domingo, paseaba por Ostia Antica (Roma). ¡Casualidades...! Me quedo con la experiencia de hace 5 años, que me llevó a este rinconcito de la foto... El patio vestido de mármol de una villa romana. ¿No es bellísimo?
Siempre me ha gustado el mármol... Llamé a mi primer y único libro terminado 'Palomas de mármol'. Me gusta su luminosidad, su fuerza... Su deje eterno. De hecho, que alguien se atreva a decirme que el lugar de la fotografía no rebosa eternidad... Sin embargo, hay un elemento que desafía la rigidez de lo eterno con un toque de actualidad y de frescura improvisadas...
Mi mochila amarilla. ...La dejé por descuido en medio de la escena, junto a la fuente. En mi opinión, ese detalle enriquece el momento, le otorga vivacidad y significado.
...Y es que tal vez lo justo sea combinar con gracia las dosis... El peso del mármol, de lo permanente... es importante. Es el peso de nuestros objetivos futuros... Pero no debe hacernos perder el presente; la gracia y el disfrute de cada instante. Sería un terrible error.
Yo ahora soy sólo Elena. No cuento con nada valioso en propiedad... Pero tengo una mochila amarilla con la que recorro la vida cuando me da la gana, y hoy, domingo, me siento mejor que el pasado lunes, porque he sacado del armario mi mochila amarilla y he volcado un poquito más de corazón hacia el presente...
Y estoy feliz porque, desde hace seis meses, tengo al mejor compañero de viaje que podría soñar junto a mí, en mi travesía por el calendario.
Y, además, esto no es un sueño.
Luca — 06-03-2006 19:51:29
Esther — 16-03-2006 18:00:38
Elena — 17-03-2006 09:53:08