
Hace unos meses le lloraba mis penas a Yolanda en el Templo de Debod, 24 horas antes de presentarme a medianoche en la Estación Sur con una maleta a medio hacer y un pañuelo empapado de lágrimas. No sabía dónde ir y el mundo se movía en espirales de colores sucios a mi alrededor. No conseguía individualizar las imágenes, ni enfocarlas. La gente a su paso proyectaba colores descompuestos, como reflejos en un agua estancada, y desprendía sombras que se difuminaban lentamente, como el humo de un cigarrillo en un lugar cerrado.
Había pensado en Nazaré (Portugal), pero había muchos incendios en el camino, y me da pavor la idea del fuego. ...También había pensado en cierto pueblecito con vistas al Cantábrico, y cuando vi que un autocar partía hacia allí, compré mi billete sin pensarlo.
Yolanda, el día anterior, me decía: "no comprendo tus ganas de huir. No se debe huir ante los problemas". Puede que tuviera razón... Pero es que tampoco se puede decir que yo estuviera huyendo desde ningún sitio. La casa de mis padres es la casa de mis padres, pero no es mi casa.
En los últimos años he anhelado una casa, a veces la he visto en sueños... y aunque ahora lo llevo mejor, aún me obsesiona esa idea de allá para cuándo. Hay días, como hoy, en los que te levantas con mal pie y sientes cómo la melancolía te va comiendo terreno hora tras hora. ...Y piensas en la casa que no tienes (entendiendo como 'casa' todo aquello que no has conseguido) y desembocas tus problemas en la inseguridad que te produce un mundo demasiado amenazante, demasiado exigente, demasiado caro con cualquier tropiezo, con cualquier error.
Y te sientes demasiado frágil.
Te das cuenta de que no dependes de ti, y que tu palacio de cristal, ese de tus sueños, ni siquiera es tuyo. No eres dueña absoluta ni siquiera de tus sueños.
Si mis sueños volviesen a desmoronarse un día, siempre me quedaría huir... Pero si ni siquiera pudiese huir, ¿qué me quedaría?
Tal vez este planteamiento sea demasiado extremo... El caso es que si de buscar seguridades se trata, creo que 'poder huir' es más que una posibilidad: es un tesoro... Si la vida me concede el tesoro de seguir sintiendo fascinación por contemplar el mar, acompañada o en soledad, estaré salvada; será como llegar a la casa que no tengo, y peregrinaré siempre hacia él, pase lo que pase.
...Y no será huir, sino llegar.
IRREVERENTE — 14-02-2006 00:13:15
Raquel — 16-02-2006 12:16:50
Elena — 16-02-2006 13:30:34