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Los trabajos y sus encantos

Archivado en General • Fecha: 01-02-2006 09:27:59



Recuerdo el primer año en la Facultad… ¡Qué rápido me desencanté! No habían pasado ni tres meses y ya me sentía ahogada en medio de una cascada de asignaturas y enseñanzas obsoletas... Por no hablar de los trabajos, especialmente aquellos ‘en grupo’. Siempre he odiado los trabajos en grupo, lo confieso. Se dedica mucho más tiempo a ajustar los tiempos y las formas de cada componente del grupo que a trabajar. Yo prefiero concentrarme sola, y tomarme un café con los compañeros después.

Recuerdo que mis compañeras Lydia y Natalia estallaron de la risa cuando les espeté que pasaba del periodismo y que algún día iba a montar un vivero. No lo decía del todo en serio… (¿o tal vez sí? …No me acuerdo). También se mondaban cuando me veían salir de la biblioteca agobiadísima, cargada con una pila de libros. Ellas tenían más claro cómo funcionaba el asunto, y dedicaban más tiempo a estudiar que a presentar trabajos bien documentados, porque no había profesor que, a fin de cuentas, se los leyera de cabo a rabo y reflexionara sobre el esfuerzo de cada alumnos y la coherencia de lo expuesto. ¿Qué vieja gloria académica de la Complutense, custode únicamente de su nómina, iba a molestarse en corregir a fondo y actualizar conocimientos? …Yo sólo di con un par de ellas… como el profesor Antonio Dueñas. El resto bastante ocupado estaba en aderezar con estúpidos condimentos el mismo potaje pseudocientífico de siempre, (tal y como lo definió un conocido periodista que ya no está entre nosotros).

Paseando por Santa Margherita el mes pasado di con este puesto de frutas. El dueño (tenía cara de ser el dueño) leía el periódico en una silla de mimbre, al lado de las cajas. Saludaba a una de cada cinco personas que pasaban por ese rincón de la preciosa localidad de Liguria. Se le veía feliz. Al rato dejó el periódico para seguir cuidando con mimo cada caja, cada fruta. Repuso mercancía canturreando y saludando.

Le observé un par de minutos (…mi curiosidad me valió una manzana), y saqué tres conclusiones:

-Ese hombre estaba feliz en su trabajo
-Seguro que ganaba más que yo
-No hay “trabajos buenos” ni “malos” por definición


Añado una cuarta conclusión: tenía cara de tener tiempo libre… O de no necesitarlo tanto como la plaga de hombres y mujeres trajeados con cara de multinacional, agenda electrónica y sándwich de pavo y lechuga al mediodía.

Escrito por Elena del Saz
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