
Es así como me siento... Este 2007 me sabe a día de sol que desemboca en nubes sedosas, de esas que trazan formidables contraluces en el horizonte al caer la tarde.
Nos hemos casado, Luca y yo, para dedicar un día de fiesta a la suerte de habernos encontrado y a las personas que nos quieren... Y nos alegra muchísimo poder decir que el 2 de junio de 2007 será recordado por todos los que asistimos como lo que fue: UN DÍA DE FIESTA.
...Y sus protagonistas nos sentimos felices por este presente dichoso que nos regala el calendario, pese a la incertidumbre de no saber cómo serán las cuatro paredes que nos albergarán desde septiembre, ni dónde nos ganaremos el pan a partir de ahora. En lo que a mí respecta, procuro vivir con más tranquilidad y saborear los pequeños momentos que me salen al paso. Ayer, pasé un par de horas balanceándome en una hamaca con la mente en blanco... Me hacía falta y me vino bien.
La nostalgia de nuestros ocho días de vacaciones en la Riviera Maya se ha dejado sentir durante la primera semana de vuelta a la rutina laboral... Además, al no tener aún una casa propia, la cotidianeidad nos ha sacudido con más fuerza que a otras parejas de recién casados o de 'recién unidos'. No obstante, estamos agradecidos a mi padres, que nos han facilitado al máximo la colonización de un salón-dormitorio con baño incluido para el mes y medio que le queda a nuestra etapa madrileña... No tenemos queja.
Además, volver tanto con la mente a la Luna de Miel significa sólo que fue inolvidable... Algo breve, pero interesantísima, como la historia pasada de aquellas tierras, aún latente en forma de magníficas ruinas en el corazón de la jungla. Fue un viaje muy simpático, como el sentir autóctono, y variado, como la gastronomía mexicana. Tuvimos la sensación de saborear retazos de paraíso, paseando por el insuperable complejo Kantenah, tan en sintonía con el entorno, disfrutando de nuevos sonidos y colores, y apagando con gusto el calor húmedo en la frescura de los cócteles y el abrazo turquesa del mar más bello que he visto jamás.

En fin... La principal conclusión con la que me quedo es que todo viaje realizado permanece en nuestro interior, como escribió Luca en su blog hace unos días. Coincido plenamente con su reflexión. Pensaba ayer en ello, antes de dejar mi mente en blanco sobre la hamaca mexicana.
Espero encontrar el modo de enriquecer nuestro futuro intercalando en la rutina momentos de luna y de miel... Será un gran aderezo para mimar nuestra sonrisa, nuestra ilusión por cada nuevo día. La inspiración para inventar momentos llegará, y trataré de estar atenta para abrirle la puerta... O la ventana. ...Liguria ya nos pone fáciles el sol, el mar y las palmeras.
También sé que sólo desde nuestro interior puede entrar en juego cierta estación atemporal -una sensación a caballo entre la primavera y el verano- que sólo depende del ánimo, aunque nieve, aunque llueva... No siempre es fácil de encontrar... Pero hay que abrirle caminos.



Tu mi dai la mano e camminiamo scalzi.
La sabbia bagnata brilla sotto i primi raggi del sole,
leggermente tiepidi,
che annunciano un giorno allegro, umido e caldo
dipinto coi colori dell'estate
e la carezza sfuocata della brezza del Cantabrico.
I nostri passi
lasciano scintille accese di sole,
sulla sabbia sfiorata dal mare
nelle notti di marea e alti sogni ormai avverati.
La mattina non ne ha bisogno.
Avvolti nel suo profumo camminiamo sorridenti,
non esiste la fretta
su questa spiaggia così immensa da scrivere la nostra gioia
per esserci incontrati.

Quedan 22 días para que Luca y yo nos casemos, y menos de tres meses para que pongamos rumbo a su Génova natal.
Cuando puse a navegar este blog, hace cosa de año y medio, me llamé a mí misma 'cronista a la deriva', y dije que mi casa era un barco llamado Anclázena, que me llamó en Alicante para invitarme a conocer otra orilla del Mediterráneo. Eran tiempos en los que mi brújula apuntaba hacia las aguas de otro mar, en el Océano Atlántico.. Y allí me hubiera ido sola, si no me hubiese sonreído la suerte en el Mare Nostrum.
Me dejé llevar por aquel reclamo azul... Y mi barco me llevó a tierras lígures y echó su ancla en Zena.
En genovés, 'Zena' significa 'Génova'. Ahora supongo que se entiende mejor el nombre de mi barco.
No sé por qué non lo expliqué antes... No me pareció importante que no se comprendiera ese nombre extraño, 'Anclázena', que si se escribe en el Google surca el Mar de Internet hasta este blog, viento en popa a toda vela.
También comenté, en algunas de mis primeras líneas, que mi Anclázena se hallaba plácidamente anclado en un rincón del Puerto de Génova, mientras yo salía a pasear, bebía cappuccino, miraba las gaviotas y regresaba a mi 'oficina flotante' para escribir de lo que me diera la gana.
Me diréis: "¿Y por qué en tus artículos nos cuentas que estás en Madrid?", "¿cuándo regresó tu barco a Alicante?", "¿cuándo regresaste tú a Madrid?".
Nunca...
O al menos: nunca regresé del todo. Una parte de mí se quedó allí, preparándome el camino.
Yo me he decantado por Génova como otros lo hacen por Madrid o Barcelona. Yo prefiero vivir entre las montañas y el mar como otros desean el abrazo de una gran urbe. Mi vida sólo es una forma de equilibrio de tantas.
Luca comprende el equilibrio que estoy buscando... Y sé que es absolutamente compatible con el que desea él. Esta realidad mágica me envuelve en mis propios sueños, y con este blog, durante estos meses, sólo he pretendido hacer un puzzle con retazos de mi propia vida, y de la vida que el destino me ha regalado.
Hace un par de días, Luca me regaló un puzzle con la imagen de ese extraordinario dibujo de Victoria Francés que veis en la fotografía de arriba. Mágico, ¿eh? ...Pues lo es más aún, teniendo en cuenta que la ciudad que muestra es Génova (ahí tenéis su famoso faro, la 'Lanterna'), y que lo encontramos en un escaparate madrileño, situado al lado de la joyería en la que habíamos comprado nuestras alianzas de boda.
La jovencísima Victoria Francés ha cumplido un sueño: ser reconocida, a sus veinticuatro años, por aquello en lo que pone el corazón. Sus dibujos se abren paso con fuerza en un ámbito -comics, ilustración- casi hostil para una mujer joven.
Yo no poseo el talento suficiente para brillar a esa altura. Me gusta escribir, pero sé que jamás llegaré a vender lo suficiente como para vivir de ello. ¡En el fondo, soy realista!
...Pero también yo he puesto el corazón en algo... Y por eso dejé 'aparcado' mi Anclázena en ese puerto antiguo en el que ondea desde las primeras páginas de este blog.
Dejé allí mi corazón, y amarré fuerte mi barco cargado de ilusiones.
Hace unos días, celebramos nuestra 'Despedida de solteros' con una treintena de amigos, todos españoles, porque de momento estamos en Madrid. Creo acertar si digo que mis amigos, el 2 de junio, vendrán "a la boda de dos amigos", porque Luca ya lo es.
A mis amigos querría decirles muchas cosas, pero sobre todo una:
Jamás olvidaré de dónde vengo, ni quienes sois. Como me escribieron Yolanda y Noemi, Luca y yo sabemos que la distancia NO es el olvido... Ni siquiera tiene por qué ser distancia... Es sólo un cambio. Y sí, Noe, Yoli (y demás amigos): encontraremos muchos caminos para compartir muchos cafés, muchas historias... Y muchos paisajes de ensueño.

Hoy es el día en el que he comunicado a mi jefa que dejo mi trabajo madrileño de periodista, después de casi cuatro años.
No será algo inminente... He querido avisar con la suficiente antelación para no sentirme culpable del exceso de trabajo que pueda recaer sobre mis compañeras con mi marcha. Nadie dirá que no he dado tiempo para que se prevenga esto.
Probablemente, el último día que trabajaré en la editorial será el 31 de julio... si no antes.
"¿Y qué pinta la cocina en todo esto?", "¿es que pretendes ser ama de casa?".
No, no lo pretendo... ¡Ni hablar!
...Pero tengo unas ganas infinitas de volver a mi futura casa después de un trabajo de media jornada... Y poder tener VIDA, VIDA, VIDA... Porque la vida está hecha para vivirla y saborearla, y deseo tener tiempo para hacerme una sopa con ingredientes naturales en vez de abrir un sobre... Como en la foto.
Esa cocina de la foto es la cocina de mi casa de muñecas... Y me he divertido soñando -al hacerla- con tardes de invierno en las que a Luca y a mí nos envolverá nuestro hogar, por el que nos moveremos libres y felices. No se ve en la foto... Pero en la otra pared de la cocina hay una ventana... Qué ganas tengo de compartir una cena con él junto a una ventana, mientras las nubes oscuras se ciernen sobre la montaña y se desata una tormenta... Siempre me han gustado las tormentas.
...Tiene mucho de Génova esa cocina... La alacena del fondo y las sillas de madera las compré en la Piazza Campetto... Por cierto: tampoco pasa desapercibido el rodillo de amasar la pasta, eeeh?
...Sí, recuerdo la primera vez que paseé por esa plaza...
Mmm...
Pero... digo yo...
¿Por qué me siento, de repente, tan FELIZ???? ¡¡¡¡Qué extraordinaria sensación!!!! :)

"Año de nieves, año de bienes", dice el refrán... Así que, visto que a los pobrecitos madrileños sólo nos ampara la contaminación y ni la nieve nos bendice, este fin de semana me fui en busca de ella. Bastaba alejarse de Madrid, por cualquier carretera, para encontrarla. Hasta la mismísima A-3, camino de la cálida Valencia, lucía de blanco casi en totalidad, este fin de semana.
Yo opté, sin embargo, por la cara norte de la Sierra de Guadarrama... Y fue un verdadero acierto rodear las montañas por el oeste mientras cientos de personas se atropellaban para aparcar en Navacerrada, en Cotos o encima de un pino, si hubieran podido. El aparcamiento ya estaba cerrado a las 11 de la mañana del sábado... Y, sin embargo, la Carretera de la Coruña estaba despejadísima, tanto como el cielo de esta blanca mañana de nieve al sol.
Al pasar los túneles de Guadarrama, cambia el mundo. Produce un efecto parecido al de atravesar el tunel del tren que separa Pitis de los montes de El Pardo. Pinos y abetos altísimos con las ramas cargadas de nieve y coches en las áreas de descanso, mucho más despejadas que los aparcamientos de las cumbres, e igualmente blancas.
Tras los bolazos de rigor y con las gafas de sol empañadas, Luca y yo proseguimos nuestro camino hasta Segovia, tan elegante de blanco que me pareció visitarla por primera vez.
Cerca de la Casa de los Picos, nos abrimos hueco en un restaurante hasta alcanzar, inexplicablemente, una mesa en un rincón privilegiado desde el que una ventana nos ofrecía, a vista de pájaro, una sucesión de tejados nevados y fachadas de siempre que se perdían, a lo lejos, con el telón de fondo de la sierra completamente blanca sobre el cielo azul.

Al día siguiente, después de muchos buenos ratos y pocas ganas de irnos, nos dejamos llevar hasta San Ildefonso-La Granja; encantador pueblecito que, no sé por qué razón, me imaginaba completamente diverso. Para empezar, pensaba se trataba de un palacete de tantos, en medio de un llano, vallado, con regusto aristocrático y cuatro casas nobles alrededor... Nada que ver con la realidad, y vaya por delante mi arrepentimiento por haber esperado tanto tiempo para descubrir este encantador rincón del mapa en las faldas de la sierra de Guadarrama. El núcleo urbano de San Ildefonso es tan interesante o más que el famoso conjunto palaciego de La Granja, que es la guinda, pero no es todo, ni mucho menos. San Ildefonso es señorial, sí; pero muy acogedor también, y su trazado y sus fachadas lucen cierto toque renacentista que, combinado con la arquitectura típica segoviana, supone un acierto estético en un enclave formidable. Sabor rústico y refinado al tiempo... Una delicia.
...Ha sido un fin de semana de descubrimiento, en varios frentes... (¿Alguien ha visto el Show de Truman? ¿...Cómo me perdí esa película en su momento?).
En fin... Debo reconocer que el invierno no está tan mal... Y mi alegría por saber algo más sobre las tierras que rodean a mi ciudad... Y por las pinceladas históricas que salen al paso cuando se sale de casa con ganas... Como descubrir que en la calle del hostal en el que has dormido fue coronada Reina Isabel La Católica, o que el lugar que muestra la primera fotografía, donde comí unos sabrosos judiones de La Granja, era la calle por la que accedían al Palacio los embajadores de Portugal, Francia y Nápoles, en sus frecuentes visitas.
...Y cuánta nieve, fuera de Navacerrada...


Fue un domingo más de excursión a solas, y recuerdo la impresión que me produjo bajarme del tren en aquel pueblecito romano de montaña. Me atrajo como un imán el perfil poderoso del castillo, al que conducían todas las calles, y desde allí arriba pude contemplar una de las estampas primaverales más fascinantes con las que me he topado en mis 30 años de vida: el Lago de Bracciano. Fue espectacular el contraste entre la silueta imponente del castillo y el delicado azul de aquel enorme lago. Recuerdo los colores intensos de la vegetación en la orilla y del pueblecito que desciende en cascada hasta ella, espejados en el agua.
No tardé en bajar hasta el lago, también yo, con el sol de abril coloreándome las mejillas. Después de mojarme la cara y los pies en el agua, tan fría y cristalina, me senté en un embarcadero de madera. Aquel domingo no tenía más quehacer que contemplar la belleza que me rodeaba, y que intenté dibujar sin mucho acierto. Detrás de mí, distantes, jugaban algunos niños y paseaban distraídos sus padres. Ante de mí, un espejo azul enmarcado por grandes macizos de flores, árboles altísimos y alguna villa dispersa, de esas que hacen suspirar, provocando admiración de la buena y envidia de la mala...
Después de más de una hora tratando de llevar al papel el movimiento del agua de un lago, tan diferente a la del mar, decidí abrirme paso en algunos de los rincones en los que había reparado desde el embarcadero solitario; mi central de observación de aquella mañana espléndida. Y anduve entre la vegetación exhuberante de abril, bajo un sol limpísimo, y encontré en el camino algún que otro pájaro muy nuevo en el arte de volar. Sentí la fuerza con la que la vida se abre paso en esa estación del año, y fui consciente de estar recorriendo el mismísimo corazón de la primavera.
...Espero que este año no se demore mucho... Tengo tanta sed de ella que, tal vez por eso, sedienta de colores y de luz, hoy no hago más que pensar en el agua dulce de aquel lago. Bracciano... Lugar que saltó a las noticias el pasado año con motivo de la macro-boda de Tom Cruise, que no se dignó ni a saludar a los vecinos cuyas rutinas entorpeció con su lujosa comitiva de invitados, que llegó en la noche para encerrarse con sus mejores galas en un refinado salón, al reclamo de un banquete para estómagos selectos. ...Y desapareció en la mañana, sin recorrer el lugar ni saludar al pueblo llano.
Yo creo que comí un bocadillo en la orilla del lago, bajo el sol de la mañana de primavera... Con un vestido de algodón, descalza y con toda la belleza del mundo a mis pies. Es una suerte inmensa, esto de ser libre.

Pues sí...
Ya son más de las doce de la noche y acabo de cumplir 30 años...
Hace un rato he descargado de la cámara esta simpática foto de esta misma tarde (...o, mejor dicho, de la tarde de ayer... Porque hoy ya es 'mañana').
...Y ahí estoy yo, en el último día de mis 'veintitantos años', cerca del Puerto de Cotos. El momento lo ha atrapado Luca con mi cámara... Y el simbolismo de la imagen es excepcional... A mi derecha, un cartel en el que, si os fijais, podéis leer "RECUERDA", y a mi izquierda, un CAMINO por recorrer... Y yo estoy enmedio, entre el PASADO y el FUTURO; entre los recuerdos y el porvenir, en el umbral de los 30 años; en un momento crucial de mi vida...
Y quien tomó esta imagen será testigo de todo ello; será los ojos que me verán recorrer un camino nuevo...
...Y allá en las montañas de Génova, muchas noches, una voz desde mi interior me susurrará "¡Recuerda!", para que nunca me olvide de dónde vengo... Y sin embargo, mis fuerzas renacerán cada mañana mirando hacia el presente y hacia el futuro, porque aún más importante que 'de dónde vengo' será, para los dos, 'a dónde voy'.

Creo que fue una noche de septiembre, hace muchos años, cuando perdí de vista mi propio destino. Supongo que perdí la fe... No sé exactamente en qué la tenía puesta, pero la perdí. Creí reencontrarla a ratos por el camino entre los dos años siguientes, pero la volví a perder dos veces más. La primera de ellas fue en enero de 1999, cuando mi abuela se fue de este mundo, de puntillas. La segunda, algunos meses después, durante un verano en el que comprendí que, tal vez, para ser feliz tendría que bajarme del tren, tarde o temprano. Ahora sé que saber bajarse del tren en el momento preciso es un regalo que nos hace nuestra propia inteligencia. Eso sí: nos lo da sin manual de instrucciones. "Sirve para ser feliz", nos susurra al oído. ...Pero ni una pista más.
...El ingrediente 'suerte' también es muy relevante en todo esto, claro; y mi gran suerte, en la historia de mi vida, tiene nombre propio, piel morena y acento genovés. Quién sabe si el rumbo hacia mi suerte lo marcó alguna fuerza desconocida, tal vez oculta en el mar que nos unió. No obstante, el timón de mi propia existencia ya era mío por aquel entonces. Hoy sé que el destino se alía con quien aprende a bajarse del tren con ojos nuevos, y ve luz y belleza donde antes vio oscuridad. Creo que empecé a recobrar la fe cuando los atardeceres de nubes de tormenta volvieron a inspirarme versos, música y dibujos allí donde antes cerraron mis ojos.
La creatividad...
Crear es una suerte... Es jugar a poner belleza sobre belleza, luz sobre luz. No importa si con nuestras obras no llegamos lejos para el mundo; basta que el mundo llegue a nosotros, y su luz escale muy lejos en nuestro interior. El mundo en el que vivimos puede llegar a ser bellísimo... Extremadamente bello.
Y en cuanto a la sociedad... Ésa que llena los trenes y, a veces, aprende a bajarse de ellos, me ha regalado un par de premios literarios por Navidad; me ha puesto una sonrisa en los labios y me ha pagado una ventana de la casa en la que viviré, espero que pronto, en algún lugar de las colinas que se asoman al Mediterráneo norte... Cerca, muy cerca, de esta estampa invernal de Camogli, donde paseé toda la tarde con las otras dos manos de las riendas de mi vida... Donde pasearemos, tantas otras tardes de nuestras vidas.

Las hojas sólo caen... Para ser más precisa que el título, diré que es mi imaginación la que peregrina.
No es difícil dejarse llevar por el aleteo de hojas amarillas en torno a un estanque... Ni recordar una poesía titulada 'Infinito' cuando los árboles rasgan la tarde y esparcen su luz sobre el agua. (Lo mejor es que no hay que salir de Madrid para verlo). A partir de ahí, -ya sabéis cómo soy...- enseguida empiezo a soñar con barcos que llegan a puerto, con ventanas de madera que se abren, con tazas de café que tintinean.
Me gusta mucho esta obra de estilo naif en la que el otoño se pasea por una placita de Campomorone, en la Valpolcevera genovesa. Siempre me han gustado las estampas navideñas con luces encendidas tras las ventanas... Y las montañas asomándose al fondo, como aquí. El cuadro que nos ofrece este pintor ligure no es navideño, pero algo en él presagia la Navidad... O tal vez sea sólo ese 'calor de hogar' que se intuye en los pasos de quienes cruzan una plaza de la mano, bajo las ventanas encendidas con luz dorada y los montes vigilantes.
Hoy estoy muy contenta... He aprobado con notable el examen de la Universidad de Perugia que acredita mi 'Dominio Eficaz' (así lo llaman) de una bella lengua transalpina. ...He tenido la suerte de contar con un excelente maestro, sus palabras y sus textos, durante los últimos 15 meses. Ahora, pretendo ser yo una buena maestra y una buena guía, para ayudarle a conocer mi idioma y mi ciudad... Aunque ya se desenvuelve muy bien entre las callejuelas de ambos.
Veo a Madrid distinta este otoño... Algo más apacible que de costumbre, pese a las zanjas gallardonianas de rigor.
Pd. Por cierto: ¿a que no adivináis quién le ha arreglado a Gallardón el sistema de calefacción de su casa, nada más comenzar con su nuevo trabajo en Madrid? je, je...
...Le diré que, la próxima vez, le estampe en la caldera un madroño esculpido en barro, con la etiqueta: 'recuerdo de la M-30'.
En fin...

Después de muchos, muchos meses llevando y trayendo mi corazón en la maleta, siento por fin que llega el momento de acumular en un rinconcito ese dulce traqueteo de sus ruedas por aeropuertos, calles empedradas, maleteros y pasillos varios. Le hará bien a mi corazón salir de casa ligera, con mis cosas en el bolso o en el bolsillo, al encuentro de quien estará tan cerca desde el próximo domingo... De quien llegará a mi ciudad dentro de cinco días para estar conmigo en la tierra que me vio nacer, hasta que juntos nos embarquemos en una nueva aventura.
Tener que recorrer 1.500 kilómetros para besar y abrazar a quien tanto quieres es siempre un viaje emocionante... Pero hay que contar con factores como las escasas vacaciones de que disponemos, la fatiga de haber madrugado el viernes para trabajar, como todos los días, antes de la carrera hasta el aeropuerto, los habituales retrasos, un catarro inoportuno, el miedo al avión, los 150 kilómetros que separan Milán de mi Génova... (oh, Luca... me la he apropiado un poquito...). El caso es que el corazón también se cansa del dulce traqueteo de los viajes, y en su interior, visiona el moderno trolley (...y no tan moderno) con la sensación de quien contempla la pintura superior, del pontevedrés Juan M. Valcárcel... (www.jvalcarcel.com). Son maletas cansadas... Corazones cansados que se encuentran para descansar juntos... No será mirando el mar, por ahora..., pero sí, tal vez, sentados bajo un árbol centenario, muy cerca de Madrid.
Este óleo de las maletas vio la luz en 2001... Justo el año en el que yo caminaba por Roma libre y feliz como nunca antes lo había sido. Recuerdo mañanas extraordinarias de excursiones en soledad... Recuerdo mis paseos por Villa Borghese... y aquellas escapadas al mar... y el saludo de la Historia en Ostia Antica o Villa Adriana, y el descubrimiento de pueblecitos encantadores cercanos como Isola Farnese, o ya en la sierra, enclaves con sabor a tiempo detenido, como Bracciano y su lago de plata y azul. ...Hoy estoy segura de que cada paso que he dado formaba parte de mi camino hacia él.
Mi querido Luca: Madrid no es Roma, pero tiene su interés, y tú lo advertirás mejor que muchos madrileños, de la misma manera que yo conozco Roma y sus alrededores mejor que muchos romanos.
Pasea y respira lo mejor de nuestra ciudad; apártate de aquello que no te va, conócelo sólo desde la distancia... Y procura comprender el alma de los madrileños, para quienes la vida no es fácil, en general, pero que aciertan a abrirse hueco en sus agendas y entre el tráfico para pescar, de cuando en cuando, inolvidables atardeceres, esos que han grabado nuestros pintores a lo largo de los siglos.
Conoce nuestro cielo desde aquellos lugares altos que lo abrazan y en los que podrás gozar de paz, y respirar la brisa que sopla desde la sierra, y que muchas veces es más fuerte que la contaminación. Pasea en torno a la antigua Almudaina, el origen de nuestra ciudad, nuestro propio origen. Goza del atardecer y de los desniveles que han tratado de proteger Madrid de una y mil batallas, desde San Francisco el Grande hasta el Templo de Debod. Madrid es una ciudad abierta, acogedora y llena de sorpresas. Madrid no es 'eso que dicen' de ella, sino que será para ti eso que quieras tú. Yo sólo te he dado algunas ideas...
Buen viaje, Luca... No pasa nada si olvidas meter alguna cosa en la maleta... Basta que recuerdes llevar contigo lo más importante: LA DULCE EMOCIÓN DEL BUEN VIAJERO...
...Yo también la he sentido, una vez más... al comprar mi billete para ir a buscarte a Barcelona... :)

A mi alado protagonista de hoy lo descubrieron en un paraje rural del municipio de San Vicente de Chucurrí (Bogotá) en el departamento colombiano de Santander (sí, sí... los nombres españolizantes persisten...). Lo llamaron "Gorrión Montés". Un nombre un poco soso para un ser tan colorido que parece venido del Arco Iris. ...Ay, esperad, esperad, que no había leído todo. Lo han llamado: 'Gorrión Montés de los Yariguíes'.
...Y si sigo leyendo (yo es que me emociono enseguida, me impaciento, y cojo la pluma -o el teclado- antes de terminar de informarme), y me apercibo de que su nombre científico es 'Atlapetes latinuchus yariguierum'. La cosa se complica... Olvidad mis comentarios sobre el nombre soso.
El pequeño pajarillo es de altos vuelos, porque lo pillaron a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar. Si os preocupa su suerte (vista la manaza que lo apresa) sabed que que fue liberado ileso después de que dos científicos (un inglés y una colombiana) lo retratasen y le pidiesen amablemente una muestra de su ADN.
Es una buena noticia... Por un lado, no es común que los investigadores confirmen la existencia de una nueva especie de ave sin necesidad de matarla para ello, y por otro, la naturaleza ha revelado a nuetros ojos la existencia de un bicho más, de esos que enriquecen y embellecen el planeta en vez de degradarlo como hacen los hombres.

Es lamentable que la locura asesina de un hombre influya sobre mi blog. Me hubiera gustado escribir sobre los amish por haber reparado en ellos por mí misma, espontáneamente... Razones no me faltan. Sin embargo, ha sido el asesinato de cinco niñas amish en su escuela (a cargo de un hombre ajeno a la comunidad) lo que me ha llevado a empaparme de páginas sobre los orígenes y la vida de estas gentes, de quienes había oído hablar como quien oye llover.
Tal vez he cambiado con el paso de los años, y me he radicalizado en mi animadversión hacia las dinámicas de consumismo extremo, edificios inteligentes y últimos modelos obsoletos en dos meses. También yo me siento contaminada por una sociedad insaciable, pero no me conformo. Las ganas de huir de las que tantas veces hablo guardan mucha relación con el vértigo que me produce esta vorágine... Y cuando sueño (casi todos los días) con una casa sencilla y un jardín con limoneros cerca del mar, ya no sé si soy una víctima más de la sociedad de consumo o de mis ganas de huir de ella.
...Los amish y su tiempo detenido...
Son un grupo cultural y étnico muy unido, si bien su dispersión en varios estados norteamericanos y en Canadá ha motivado que su adaptación al paso del tiempo haya sido más o menos estricta, según en qué casos. Los amish son descendientes de inmigrantes predominantemente suizos, de habla alemana, y su tradición religiosa (cristiana de origen anabaptista) contempló en su momento -ya muy lejano- una negación cultural hacia todo aquello que sonase a modernidad.
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...Y dijeron 'no' a la electricidad; 'no' a los automóviles; 'no' a la moda cambiante... En definitiva: 'No' a la sociedad industrializada y a sus ritmos maquinales; 'No' a la contaminación ni a la separación de la madre tierra y 'No' a las necesidades creadas por la sociedad de consumo.
Ya en la segunda mitad del siglo XIX celebraron encuentros con otras comunidades amish para tratar de consensuar cómo enfrentarse a las presiones de la vida moderna. En cualquier caso, las pautas concretas a seguir (utensilios, vestimenta, horarios) las marca el Ordnung de cada comunidad, y por ello el grado de apertura al 'exterior' varía mucho entre los distintos núcleos.
Hay algo de admirable en todo esto, a mis ojos... Aunque, por otro lado, no comulgo con las imposiciones... Y en esta cultura hay mucho de disciplina férrea. Yo creo en la libertad y en el diálogo entre personas distintas, que es lo que somos. Ahora bien: hay que reconocer que gran parte de las comunidades amish tienen por sana costumbre animar a sus jóvenes a que conozcan 'el mundo exterior', y elijan por sí mismos (sin que ello suponga ninguna crisis familiar). Además, si bien suelen cerrar filas en torno a su forma de vida, mantienen una relación cordial con sus vecinos 'no-amish', e incluso, en algunos casos, ceden con una sonrisa a la presión ejercida por los turistas y sus cámaras, que meten un pie -o los dos- en sus propiedades.
Es conocida la calidad de algunos de sus productos, como los edredones y las colchas (...las mujeres tejen a la vieja usanza) y su buena mano con los aperos de labranza (tradicionales, eso sí). La estampa de estos pacíficos campesinos vestidos a la moda más humilde del siglo XIX recrea un genuino viaje atrás en el tiempo, y a veces deben recordar a los mirones el justo límite entre la fascinación y el respeto. No son un parque temático, sino personas que desean pasar inadvertidas y que -al margen de desgracias como la acontecida estos días- parecen muy felices con su estilo de vida.
Su apuesta cultural les limita, pero les libera... Tal vez tienen más tiempo que nosotros para mirar dentro de sí mismos. Su austeridad y su íntimo contacto con la naturaleza y sus ciclos les confiere un toque oriental, (¿les interesará la filosofía oriental?).
Recuerdo una historia hindú que relata la preocupación de Dios a la hora de esconder la llave de la felicidad... ("si la encuentran los hombres ambiciosos, comercializarán con ella; generarán conflictos, se aprovecharán de los demás..."). Pensó en dejarla sobre la cumbre más alta, bajo el océano más profundo o en el espacio exterior... Pero intuyó que el ser humano, en su sed de ambición, sería capaz de alcanzarla. "¿Dónde será más difícil, para el ambicioso, encontrar la llave de la felicidad?", se preguntó.
...Y la escondió en el corazón de los hombres.


Me decía ayer el dermatólogo que para mejorar las lesiones de la dermatitis en la piel debo vestir ropa de algodón y dejar a un lado las prendas sintéticas... Y cuidado con sábanas, toallas, trapos y demás. Además, no puedo usar sin guantes un sinfín de productos cosméticos y de limpieza del hogar. También me recordaba que el clima seco y contaminado de mi gran ciudad resulta muy nocivo para las 'pieles atópicas'.
Sí... Soy 'atópica' y vivo en un 'mundo sintético', a la par que químico. A ver si, además, me voy a tener que sentir culpable por ello...
El caso es que si te lees la composición de la tela de la ropa que puebla tu armario, los ingredientes del bizcocho que desayunas, la etiqueta del gel de baño o, mucho peor, la del suavizante de la ropa (veneno puro), piensas: '¿por quééé?'. ¿Por qué la evolución (la tan traida y llevada 'evolución') no genera unos productos más inocuos, unas ciudades más humanas, unos horarios de trabajo menos lamentables, unos sueldos menos irrisorios? ...Tal vez con unos sueldos menos irrisorios podríamos apostar por productos más ecológicos... Y pagar mejor la vida en el campo a los pocos permanecen en él... Y que éstos se hicieran más fuertes contra las mafias que interfieren entre ellos y los pobrecitos que nos hacemos cruces en el supermercado.
...Y allí encontramos casi de todo... Pero, casi siempre, todo cuesta demasiado... Y casi todo es demasiado malo... Y siempre estamos en la cuesta de mes... Y casi siempre nos cuesta un disgusto lo poco o lo demasiado que compramos. ...Y lo peor: 'todo' dura... ¡nada!
Estoy demasiado cansada del ritmo de vida en las ciudades, y de su poca calidad de vida y de productos. Quiero menos cosas y que sean mejores... Quiero sentir la naturaleza en el tacto de aquello que toco, de aquello que me sirve realmente para vivir mejor... Y quiero cuidarlo como un objeto precioso, por ello. Estoy muy harta de este mundo sintético de usar y tirar.
Me quedo con esta imagen... De trabajo duro, sí, ¡muy duro!, pero de aire limpio, cestos de barro o de madera y ropas de algodón.
Pd. ...Por cierto: qué bello encontrar el cuadro de un pintor que ha retratado exactamente el bellísimo lugar en el que atravesé un gran punto de inflexión en mi vida... Y afortunadamente, Lastres mantiene en sus calles el sabor a vida auténtica que tanto estimo.

Sopla viento del norte en esta mañana de viernes... Han bajado las temperaturas, pero no demasiado... Me vienen tantas imágenes a la mente si me paro a pensar... Tantos lugares que he recorrido y muchos más que aún no conozco, por recorrer.
Mañana por la mañana -cómo adoro los sábados- subiré al Puerto de Cotos en tren... Hace tiempo que no voy a la Laguna de Peñalara, y me apetece recorrer ese camino entre las nubes, el puerto y el agua.
Me llevaré algunos textos escritos con prisas y los corregiré, en el trayecto o en el destino... Leeré el periódico con calma, y respiraré hondo, muy hondo... Y olfatearé, como un gatito, los olores del campo.
Esta mañana el silbido del viento me ha lanzado un mensaje, que ha resbalado por mi pelo, susurrando al pasar por mis oídos, y ha envuelto mi cuerpo hasta los pies... Alguien me cuida, desde lejos, desde cerca...
"Que el sol te bese las mejillas,
que la brisa te acaricie el cabello,
y si una nube arrojase una gota sobre tu rostro
será que el viento del norte
ha querido, por un instante, poseerte"

"Papá, ¿por qué no ha parado?", preguntó un niño de 6 años al ver pasar de largo el autobús.
"Porque es gilipollas, por eso no ha parado", respondió el padre.
Este fue el final de mi viaje en autobús, esta mañana. Ahora os cuento el principio... Nada de particular; sólo una crónica cualquiera de un fragmento de jornada madrileña, un día cualquiera a mediados de septiembre. ...Pero había una periodista a bordo... ;) En cuanto a la foto, digamos que es de otro mundo. En fin...
Salí contenta de la cafetería de la Universidad Pontificia de Comillas, de Madrid. Trabajo en una revista para jubilados activos (como los alumnos de las universidades de mayores), y este mes me he inventado un reportaje sobre el contraste de las asignaturas de toda la vida (Literatura, Cultura Clásica, Filosofía, etc.) y otras innovadoras, rompedoras (como 'Previsión científica multidisciplinar sobre procesos de cambio en el S. XXI').
Tras un interesante coloquio con los profesores que derivó en una conversación distendida sobre los años sabáticos y las calles de Roma, caminamos distraídos hasta la parada del autobús. Y llegó el 133, camuflado entre ocho autobuses más. Quienes compartíamos ruta, nos dimos cuenta de que había llegado el autobús sólo cuando cerró las puertas... Y corrimos detrás suyo (sólo cuatro pasos, no más) hasta el semáforo situado a escasos dos metros de la parada, pero el conductor no quiso abrirnos. No entendimos por qué.
Nos fastidió, porque somos madrileños con prisas, casi siempre. ...Pero también pensamos que, tal vez, abrir la puerta a más de un metro de la parada constituía una imposición reglamentaria, castigada con multa para él... (en efecto, así es).
Olvidamos el incidente a los quince segundos, y subimos -quince minutos más tarde- al siguiente autobús. Fuimos hablando de Madrid, compartiendo plenamente la tristeza por la deshumanización que está sufriendo nuestra ciudad y, sobre todo, su entorno; por lo absurdo de seguir construyendo y destruyendo en medio de la más absoluta congestión...
Fue un desahogo compartir con otros madrileños mi exacta visión de horrores como los monstruosos rascacielos nuevos del embudo sin salida que ya era Plaza Castilla; el rediseño -a la grande y 'a la moderna'- de nuestra Plaza de Colón, que perderá toda su esencia, o el entresijo de intercambiadores nuevos, subterráneos, en las tripas de nuestro sobreexcavado subsuelo.
La impunidad de la peste inmobiliaria, la precariedad laboral y los monopolios financieros centralizados han devorado Madrid. Nos la han arrebatado a los madrileños. Se ha convertido en una ciudad sin alma que tan sólo conserva parte de su esencia en torno al Madrid de los Austrias, donde jamás podríamos poner un pie (dentro de una casa) la auténtica clase media. Para nosotros queda una periferia infinita, cientos de distritos y municipios rodeados de asfalto, ladrillo y hormigón. (Eso sí, se va poniendo césped en las glorietas, aunque falte el agua).
El césped y las flores de temporadas atufadas por el tráfico no arreglan el problema. Las grandes ciudades siguen siendo un error.
"La gente está nerviosa... Está a la que salta, ¿no os dais cuenta?", comentaban mis compañeros de viaje. Nosotros, madrileños, que siempre nos hemos caracterizado por ponerle al buen tiempo mala cara... Nosotros, madrileños, que tragamos con todo lo que haya que tragar. ...Y en medio de nuestras palabras, seguía entrando gente, y más y más gente, en el autobús. A lo lejos, ví que nos seguía otro 133, vacío.
Cuando llegamos a mi parada no cabía un alfiler. El conductor dio la curva, frenó y nos hizo bajar cinco metros antes de la marquesina... Apenas descendimos media docena de personas de aquella lata de sardinas, el conductor prosiguió, con su autobús sobrecargado y humeante, sin dar paso a la gente que esperaba en la parada. Él sabía que tenía otro autobús detrás; los autobuses disponen de un sistema localizador del resto de la flota.
"Papá, ¿por qué no ha parado?" preguntó un niño de 6 años al ver pasar de largo el autobús.
"Porque es gilipollas, por eso no ha parado", respondió el padre.